Belisa Botero Mora

Foto | Archivo Libro Salamina: ciudad de poesía | LA PATRIA Belisa Botero Mora.

De Belisa se conocía que era Botero, pereirana y escritora. Se tenía registro de un poema y dos crónicas publicadas en el periódico La Voz de Caldas en 1926 y según Google, podía ser, además de Botero; Mejía, Arango, Restrepo o Mora. Aún hay datos sin verificar y algunas certezas. He aquí un ejercicio compilatorio, seguramente incompleto.

La que sí, la escritora

Belisa Botero Mora nació (supuestamente) el 27 de diciembre de 1895 en Pereira. Fue hija única y muy pequeña fue llevada por sus padres a Salamina (Caldas), estudió en el colegio de las Hermanas de la Presentación y luego las lecturas y la escritura fueron su formación intelectual.

Murió en Medellín el 24 de julio de 1950, a sus 55 años. No tuvo hijos y su esposo fue Carlos Botero, posiblemente un pariente. Las dudas que se ciernen sobre su nacimiento obedecen a que el registro de notaría dice que se casó el 12 de agosto de 1908. Entonces, o se casó niña, pues tendría 13 años, o nació antes.

Época y pueblo

Según relata el escritor y restaurador Fernando Macías, oriundo de Salamina, en el colegio de las Hermanas de la Presentación sólo aceptaban a las alumnas después de analizar a sus familias. “Que hubiera certeza de no encontrar ninguna tía divertida (prostituta) y se examinaban apellidos y dinero. Salamina siempre ha sido un pueblo clasista, desde su fundación en 1825”. Así las cosas, Belisa tenía un buen árbol genealógico.

Sin embargo, tuvo acceso a bibliotecas sólo a partir de 1935 y toda su vida tuvo que tener permiso de un hombre para escribir. Además, murió sin votar porque el derecho fue concedido a las mujeres en 1954 y ejercido tres años después. Y según la edición del 13 de septiembre de 1947 del periódico Pregón Cívico de Salamina, dejó de escribir pronto porque el esposo se lo exigió.

Obra

En sus poemas hay licencias poéticas, sus crónicas se acercan a la frontera del cuento y entre líneas, habló sobre acoso, muerte, dolor, suicidio y mujeres. Temas poco comunes e incluso reprochables a las escritoras de entonces.

 

En el poema El delantal, publicado en La Voz de Caldas el 26 de marzo de 1926, Belisa narra la anécdota de una vendedora de naranjas que mientras realiza su labor se le acerca un hombre que la incómoda con un piropo y entonces, ella se aleja sintiéndose perseguida:

Se me acerca un viejo; tiene horribles zanjas

en la cara fea, muy fea, muy fea y traidora.

Yo te compro, dice, niña seductora

Pero dime, ¿donde se encuentran tus granjas?

Le vuelvo la espalda con susto, con miedo,

Y con una cosa que expresar no puedo


emprendo la trocha de mi pegujal;

Y aunque voy muy lejos siento que me mira

con sus ojos vizcos y es tanta la ira

que muerdo las vuelas de mi delantal.

Se tiene registro de 12 poemas, 2 crónicas, 1 cuento y dos libros sin encontrar: Eros Ebúrneo y Lampos Fugaces. Además, la mencionan en cinco libros de literatura y está incluida en el Diccionario Bibliográfico de Colombia Tomo I de Joaquín Ospina.

De las más desconocidas actualmente

“Autoras como Belisa Botero gozaron de prestigio en su momento, pero fueron injustamente olvidadas, a pesar de su aporte", así lo señala Adalberto Agudelo Duque en su libro Caldensidad, historia y literatura. Y lo justifica en dos aspectos: La discriminación social y el regionalismos de la época.

Belisa vivió cuando existía el Gran Caldas, región que incluía a Quindío y Risaralda, pero que centraba su desarrollo en Manizales. Lo que ocasionó que en 1966 empezara la separación del departamento.

“Cada colonia competía con la otra por ser más grande, próspera y culta. Hay autores de Salamina que ignoran en Manizales y parecía extraordinario que una señorita se diera a la lectura y sacara tiempo de sus labores domésticas para escribir versos, ensayar un cuento o se arriesgara en la difícil tarea de crear una novela”. Belisa, se arriesgó a todas y en sus textos, pese a la convenciones de la región, expresó estar orgullosa de ser pereirana.

Así lo escribió en su crónica Un recuerdo de mi infancia, publicada en el periódico La Voz de Caldas el 29 de abril de 1926:

Mil veces me he jactado presuntuosa de ser hija (...) del Otún

He seguido paso a paso el desenvolvimiento de ese pueblo altivo e inconforme que se ha relevado rápidamente del bloque patrio

Y cuando un nublado oscurantismo, de esos tan frecuentes en este viejo rincón de Caldas, intente arrojar su banda cegadora sobre los tristes ojos de mi espíritu gritaré como lo hacía antaño en la ingenuidad bulliciosa de mis juegos infantiles: no me dejo poner vendas ¡soy pereirana!”

Crítica de su obra

Adalberto asegura que Belisa no tuvo la prensa, difusión y apoyo que merecía.  “Su obra se destaca por la dulzura, grandeza de espíritu y naturalidad. Extraordinaria como sonetista, su falla más ostensible la constituyen las licencias poéticas que le restan armonía a sus versos”.

Joaquín Ospina, en el libro Diccionario Bibliográfico de Colombia Tomo I, dijo de no tenía una forma impecable en sus poemas, “porque ella prefiere la armonía interior a la exterior, el sentimiento a la técnica. La poesía de Belisa, a pesar de los prejuicios, ocupará no muy tarde el puesto de honor que le corresponde por más lejanos que estén sus cantos del sismógrafo consagrador de la lírica nacional”.

La poesía de Belisa, a pesar de los prejuicios, ocupará no muy tarde el puesto de honor que le corresponde

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