Se puede interpretar como golpe mediático; no de otra forma se justifica la vinculación de un lateral izquierdo extranjero por muy hijo que sea del exitoso técnico argentino Marcelo Gallardo, y por más que enrostren que integró el River campeón de copa 2018.

Una manera de causar ruido que no soluciona ninguno de los problemas con los que terminó campaña el equipo, independiente del atractivo que supone un muchacho que, por su procedencia, tendrá una atención especial a la vista de todos.

Nahuel Gallardo, 24 años, River, Defensa y Justicia, Colón, es uno de los refuerzos de Once Caldas para la liga que comenzará este jueves ante Unión Magdalena -4 de la tarde- con el lastre de seis torneos cortos sin clasificar, y novedades raras en posiciones estratégicas.

 

Ocho caras nuevas, tres foráneos con el delantero argentino nacionalizado chileno Marcelo Larrondo –33 años– y el atacante por banda panameño Jorge Méndez -21- lo que aumenta

a cinco el número de jugadores de otra nacionalidad, con Gerardo Ortiz y Alejandro Barbaro.

Y a ellos se sumó el extremo opita Alejandro Artunduaga -24 años- con paso por Huila, Pereira, y Águilas Doradas, sin un palmarés con el que asegure ser figura indiscutida o líder del puesto, entendiéndose en busca de oportunidades.

Los otros son los defensores Jaider Riquett y Leyvin Balanta, y los volantes de primera línea Guillermo Celis y Leonardo Pico, con la baja de Nicolás Giraldo y Juan David Pérez, y rumores sobre salida de Marcelino Carreazo, Mender García y Danovi Quiñones.

Tampoco es grave una nómina numerosa, chévere para el entrenador tener de donde escoger, que no deja de ser contradictorio frente a quejas por los elevados costos, y que sería válida en la medida de un plantel equilibrado, con varias competencias.

Extraño sistema de contratación sumando hombres que por lo regular llegan para luchar los cupos y no para adueñarse de ellos, lo que lógicamente señala la condición de esos refuerzos, la mayoría sin ritmo, nivel, tras largas paras, o desconocidos.

Llama la atención que el técnico acepte sin filtros lo que le den, y no haga hincapié en sus deseos, en un alarmante conformismo, o complicidad, a sabiendas de que para batallar una liga se requieren recursos de alto vuelo, y no apuestas sobre la marcha.

Además, y hasta donde escuchamos siempre, nunca fue Diego Corredor un entrenador amante de llenar la plantilla con futbolistas de afuera, lo que, a mi entender, deja entrever que fue el presidente (sic) quien se apersonó de las contrataciones.

Caso repetido, jugadores por cantidades, fáciles de negociar, porque por aquellos que impliquen un esfuerzo, marquen diferencia, o aporten reales garantías, ni siquiera se pregunta, hay mínimas relaciones con los grandes, y exigua osadía para buscarlos.

En contraste casi ocho mil abonados, una extraordinaria cifra porque el sentimiento no para, y una hinchada que se aferra al corazón, esta vez sin muchas arterias porque sin bien las herramientas en número están, la calidad reduce expectativas e ilusiones.

Un Once Caldas con mentalidad ferial, aspirando a imposibles, confiando en que la cara de la moneda quede del lado de la suerte, con una hinchada que ama el escudo, y que observa como cada semestre vienen jugadores al por mayor sin que se consolide un proyecto.

Hasta la próxima...