Diciembre es un mes que, si lo quieres, te trae alegría gracias a lo que se llama “espíritu de la Navidad”. Es un espíritu o una actitud de más conexión con Dios que vive en ti de modo constante. Ser consciente de su amorosa presencia borra la soledad y te mueve a vibrar en amor verdadero. Pocas personas tienen a Dios bien presente, aunque digan que creen en él y que lo aman con todo su ser.
En Navidad muchos hacemos un lindo pesebre como homenaje a Jesús. Pero el mejor pesebre debe ser tu corazón. O sea, cree de verdad que la Energía Divina siempre está en tu interior y te llena de paz, de amor y de luz. Las luces navideñas deben moverte a ser luz para todos con tu buen actuar y el amor que irradias. Ámate y ama, para que el espíritu de la Navidad inspire a todos a ser amorosos trabajadores de la luz. Hay dos clases de personas: los que esperan una buena oportunidad, y los que con ánimo crean esa buena oportunidad.  Hay dos clases de personas: los que son arquitectos de las circunstancias, y los que son víctimas de ellas. Tú, con tu libre albedrío, eres libre para creer o para dudar, para aportar o para criticar, para sumar o para dividir. El gran líder sudafricano Nelson Mandela dijo con sapiencia: “donde estés, sé un unificador, nunca un divisor”.
Cada día tú vives creando tal como vives creyendo. Cada día es como una vida en miniatura. Llena cada día de amor. El primer amor es el que te brindas a ti mismo. Solo amas si te amas. Elevar el autoamor o amor propio es lo que te aleja del sufrimiento. Mira en Youtube muchas veces “El memorandum de Dios”. Su mensaje es tan poderoso como profundo y te impulsa a amarte, aceptarte, quererte y valorarte sin medida.
Sabio fue Jeshua cuando dijo que lo único importante es el amor que das a los otros después de dártelo a ti mismo.
@gonzalogallog