Para el 2027 se tiene programada la finalización del contrato de la concesión Autopistas del Café, por lo que se les está acabando el tiempo a los departamentos que conforman el Eje Cafetero para que fijen su posición, ojalá unificada,  de cómo puede ser a futuro el manejo de esta vía que ha sido muy importante para el desarrollo y la comunicación entre los tres departamentos.  
El contrato de la concesión está a cargo de  la firma constructora Odinsa, de la cual es propietario el grupo Argos, que ha manifestado su interés en  continuar con la operación de esta autopista.  Para socializar este interés y las obras que se ejecutarían en los próximos 30 años, la firma está invitando a unas reuniones. La primera está programada para el próximo 12 de diciembre en Chinchiná.
En 30 años fue mucho lo que se hizo, pero como siempre pasa, quedan faltando cosas.  Para poder analizar las propuestas de las obras se deben tener claros los recursos que se van a obtener,  proyectando su crecimiento.  Si bien actualmente estamos atravesando una recesión en la que, entre otras, la venta de carros nuevos está en un nivel muy bajo, el país tendrá que volver a retomar la senda del crecimiento y desarrollo.  
Hoy transitamos por una vía en cuatro carriles que comunica a las tres capitales, pero estas con el tiempo se van a congestionar.  Por lo que se deben terminar de construir las dobles calzadas que están haciendo falta entre La Manuela y el Club Campestre; La Trinidad y La Manuela y  el tramo entre Chinchiná y el peaje de Tarapacá 2. 
Es lógico que cada región quiera que se hagan obras adicionales como en el caso de Risaralda, que está muy interesado en que se construya la doble calzada entre Condina y Punto 30; lo mismo sucede en el Quindío, quiere la doble calzada desde Calarcá hasta la Unión en el Valle del Cauca.  
No va a ser fácil la discusión, sobre todo si se tiene en cuenta que el objetivo inicial de la obra era comunicar en doble calzada las tres capitales y que hay una serie de peajes  que afectan de una u otra manera a cada región.  Caldas tiene tres  peajes en el triángulo de San Bernardo-La Manuela-Club Campestre y un peaje en Tarapacá 1 y se puede decir que también le toca el de Tarapacá 2, que está ubicado en los límites con Risaralda.  Quindío tiene el peaje de Circasia y Corozal en la vía al alambrado, que corresponde al Valle del Cauca.   
Haciendo unas consideraciones con el recaudo de los peajes en Tarapacá y Circasia, de acuerdo a la ubicación de estos, se estima que a Caldas le corresponde el 33%; a  Risaralda el 23%; a Quindío el 18% y al  Valle el 26%. Lo más seguro es que cada región va a luchar para que de acuerdo al recaudo en los peajes, se realicen las inversiones. Debo aclarar que en mi opinión la vía Calarcá-La Unión nada tiene que ver con la Autopista del Café. 
Hay que hacer unas consideraciones a la propuesta de Odinsa en lo que corresponde a Caldas. Primero, a este departamento es al que menos obras le proponen, así se tenga planteada  la construcción de las dobles calzadas anteriormente comentadas y se tenga propuesto construir dos intersecciones, una para acceder a Palestina y otra a Chinchiná.  Segundo, la ubicación de los peajes de San Bernardo, Pavas y Club Campestre restringen el desarrollo urbanístico e industrial  de los sectores de El Rosario, La Manuela y el Km-41. Tercero:  El tránsito vehicular entre Manizales y La Trinidad cada día es mayor y las especificaciones de la vía no son las mejores -lo que genera alta accidentalidad-, por lo que se va a requerir muy rápidamente un carril adicional. 
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Muy preocupantes los indicadores económicos que está arrojando el país. La ideologización del presidente no le está permitiendo escuchar sugerencias y recomendaciones.  Pueda ser que las reuniones que está convocando con Uribe y los “cacaos” del país le sirvan para que tome los correctivos que se están necesitando urgentemente.