El último viaje de Isabel II

Foto | Tomada de royal.uk/ | LA PATRIA

Ayer la reina Isabel II tuvo en total tres servicios religiosos.

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La reina Isabel II tuvo ayer su última despedida. El féretro recubierto con el estandarte real salió del Palacio de Westminster, sede de la soberanía popular, para recorrer los cientos de metros que lo separan de la abadía que lleva el mismo nombre para después ser trasladado hasta el castillo de Windsor, en donde se dio un último servicio religioso para ser sepultada en la capilla de San Jorge, junto a su esposo, el duque de Edimburgo.

Un rito perfectamente coreografiado

Con 2 mil invitados, el féretro fue introducido en el templo a las 11:00 a.m. (10.00 GMT) para que el coro de la abadía lo recibiese con el canto "Yo soy la resurrección y la vida", que ha sonado en cada funeral de Estado desde el siglo XVIII.

Tras el recibimiento por el deán de Westminster, David Hoyle, y la lectura del Evangelio según San Juan por la primera ministra, Liz Truss, el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, pronunció un sermón en el que destacó la vocación de servicio de Isabel II.

"Su difunta majestad, como es bien sabido, declaró en su discurso de su 21 cumpleaños que toda su vida estaría dedicada a servir a la Nación y a la Commonwealth. Rara vez se ha cumplido tan bien una promesa", dijo.

El himno nacional (Dios salve al rey), adaptado a su nueva letra tras la muerte de la reina, selló el funeral y, de alguna forma, toda una época.

Con dos minutos de silencio seguidos en todo el país y un lamento interpretado por un gaitero escocés, petición expresa de la monarca, culminó un rito coreografiado que quedará inscrito en la historia.

Despojo de símbolos

Al término del servicio religioso oficiado en la abadía de Westminster (Londres), el féretro fue sacado del templo sobre una cureña (carro de cañon) que fue arrastrado con cuerdas por 142 miembros de la Marina Real, seguida por miembros de la familia real, a la cabeza de los cuales se hallaba un emocionado rey Carlos III.

A su llegada al arco de Wellington, el ataúd fue transferido a un vehículo para hacer su último viaje hasta Windsor, a unos 35 kilómetros de Londres. Luego, los restos de Isabel II recorrieron en procesión los cerca de 5 kilómetros del denominado Long Walk, la avenida arbolada que desemboca en el castillo de Windsor, la residencia real donde más tiempo solía pasar la reina.

En la capilla de San Jorge, un lugar habitual de bautizos, bodas y funerales reales, se celebró un servicio religioso ante unos 800 invitados, entre ellos miembros de las casas reales europeas, en el que fueron retirados del féretro la corona imperial, el orbe y el cetro de la soberana, que fue finalmente despojado de los símbolos de su reinado.

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Una tarjeta escrita a mano sobresalía encima del féretro, entre la corona imperial, el orbe real y el cetro de oro: "En memoria amorosa y devota". Firmado: "Charles R", el primogénito y nuevo soberano, Carlos III.

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