Yupi a los 90
2010-08-19 00
Es activista de leo como Mata Hari, Cantinflas, Madonna, Fidel Castro, Napole贸n, Goethe, Bill Clinton, Samper, Pastrana, los presidentes Barack Obama, Rodr铆guez Zapatero, Juan Manuel Santos y el locuaz petrovecino Ch谩vez.
Don Otto se despierta y enseguida concluye que 鈥渃ada amanecer es jubiloso. Es el comienzo del asombro鈥.
Es el Ivonne Nicholls (relacionista p煤blico) del chontaduro de Riosucio. Quiso utilizar el 铆mpetu que genera este 鈥渧iagra natural鈥 para ser presidente. Los colombianos lo quieren tanto que se abstuvieron de elegirlo.
Curado de vanidades, 茅l mismo suele contestar el tel茅fono. Otras veces se oye esta respuesta de su empleada: 鈥淓l doctor sali贸 a trabajar鈥.
Es un joven nonagenario hecho para la palabra. De los oradores y pensadores grecocaldenses tom贸 floridos sustantivos, adjetivos y verbos que enriquecen su prosa de ensayista, su g茅nero preferido para desentra帽ar el mundo.
Confiesa a manera de resumen de su viaje a Itaca: 鈥淣o tengo quejas de la ternura鈥.
Todos los d铆as llega a su oficina en la bogotana torre Colpatria a laborar con arrestos de yupi. Parece que tuviera el almuerzo embolatado, o que estrenara diploma de abogado de la Pontificia Bolivariana, de Medell铆n, adonde lleg贸 despu茅s de sus estudios en su terru帽o y en Popay谩n, donde tuvo ocasi贸n de visitar en su lecho de enfermo al maestro Guillermo Valencia.
鈥淓stoy pagando boca arriba lo que hice boca abajo鈥, les confes贸 el bardo patojo.
Las lecturas matinales que hace del peri贸dico incluyen las efem茅rides hist贸ricas donde es protagonista permanente. No solo escribi贸 historia: la hizo. Luego 鈥渄esayuna鈥 leyendo obituarios, truco para mantener alejada la pelona. Comparte esta gimnasia f煤nebre con sus amigos Belisario Betancur y Garc铆a M谩rquez.
A su viejo camarada Betancur le carg贸 in煤til ladrillo como buscador de paz. Los 鈥渆nemigos agazapados鈥 lo regresaron a su an谩rquica biblioteca y a su vetusta m谩quina de escribir Olivetti.
Preside su despacho un Crucifijo, regalo del escultor Arenas Betancourt, su compa帽ero de bohemia en los a帽os cuarenta. A su oficina llega enfundado en su trinidad bendita sartorial: sombrero Barbisio, paraguas Fox y chaleco, terno que viste para desfilar por la ciclov铆a.
Roc铆o, su secretaria pastusa, se encarga de doparlo con su dosis personal de t茅 Lipton. 鈥淩oc铆o, por favor, ll谩meme al doctor Olimpo鈥, le pide con ternura de abuelo alcahuete a quien sus nietos aman por Skype desde Europa.
Olimpo es su hijo y colega, curador del Museo bogotano que lleva el nombre de Don Otto. Comparte tareas con su hermana, la antrop贸loga Adela. Daniel, el tercer hijo del dueto Otto-Livia, su fallecida musa, muri贸 en Par铆s. Ese d铆a Dios tom贸 compensatorio. Hasta el 谩ngel de la guarda se descuid贸.
Disfruta m谩s buscando un adjetivo o creando una met谩fora atrevida que destapando champa帽a. Ya pas贸 del centenar de libros: van 128. Hacen fila 40.
Al liberal disciplinado que escribe y discursea desde los 13 abriles, siempre le quedar谩 faltando un libro por escribir: sus memorias de infancia que 鈥渇ue dulce y alegre鈥. La obra podr铆a llamarse la alegr铆a de vivir y de servir, sus verbos amados. Con el muy paisa trabajar, herencia de sus mayores.
Al escalar el Everest de sus ruidosos primeros 90, espera la llegada de la vejez, a la que no le teme. 鈥淗ay miedo cuando no se sabe qu茅 hacer鈥︹.
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