Publicidad política microperforada

2010-03-01 00
alvaro
Aun cuando estas líneas quedan lejos del lunes de pascua electoral, aprovechemos el barranquito para hacer algunas aproximaciones alrededor de la jornada plebiscitaria que tendrá ocurrencia el domingo de arriba. Sin ser politólogo ni nada que se parezca a este oficio ininteligible, connatural a la ociosidad especulativa, todo indica que no va a darse un monumental caudal de votos, tal como lo quisiera la multitud de aspirantes que sueñan con obtener el favor popular, el número suficiente de votos para satisfacer sus vanidades individuales y reparaciones económicas.
La previsible abstención es consecuencia lógica del desencanto generalizado de la ciudadanía que no pertenece a las logias partidistas tanto viejas como nuevas. Ocurre que el desprestigio de la política, ayer una actividad respetable, está ocasionado por la prostitución a que fue sometida por los gamonales profesionales, quienes la transformaron en un eficiente mecanismo de usufructo personal, de aprovechamiento burocrático y de abuso del poder. En otras palabras, es considerado por unos y otros, un negocio particular a perpetuidad. Esa manipulación tan personalista como oscura y decadente es la que, obviamente, ha desnaturalizado el concepto de la política como arte del manejo de los asuntos públicos y la defensa del interés y el crecimiento colectivos.
Entonces, no es sorprendente sentir el rechazo, ver la apatía y medir el desencanto hacia las manifestaciones de participación democrática, máxime en un país tan necesitado de depurar las costumbres políticas y de modernizar sus instituciones. La gente se resiste a entender que la democracia además de representativa debe ser ante todo participativa y, considera, además, que la tarea de elegir no es asunto propio porque ya se habituó a contemplar, impotente, la acción nefasta de las maquinarias aceitadas y pagadas con los recursos, esos sí, de todos los ciudadanos. (Con razón dicen que lo que es de todos no es de nadie).
No obstante, surgen opciones arropadas bajo el audaz expediente de una renovación de la clase política. Desgraciadamente, sus estrategias tienen, por lo general, los mismos trucos demagógicos y los mismos vicios populistas que pretenden combatir: cero ideas; frases efectistas; arrogancia impostada; importancia de plástico; despilfarro de plata y de maquillaje; promesas de amor; ruido y estridencia publicitaria; ofertas de empleo. Entre otras cosas, es muy irónico ver a cambio de muñecas de la mafia, a muñequitas de la política, y, a personajes que van a comprobar que familia que aspira unida es derrotada ídem.
En la parte anecdótica, esta traviesa proselitista trae consigo un festín folclórico protagonizado por líderes populares que hacen su agosto en todos los directorios con la oferta de ‘sus’ votos cautivos; teóricamente pasan a manos del mejor postor, aun cuando esta ‘mercancía electoral’ resiste varias negociaciones y en efecto, se venden en diversos frentes, con garantía de funcionamiento. Completa el sainete partidista una plaga de lagartos, falsos publicistas, radioperiodistas y toda suerte de vividores y paracaidistas.
Ahora, la gran novedad, en nuestro medio, es la profusión del microperforado en la difusión impactante e itinerante de ‘propuestas políticas’. Se trata de un artilugio publicitario consistente en empayasar los carros con avisos panorámicos, privilegio antes reservado para anunciar toallas sanitarias. Campaña que se respete, debe tener a su haber una flota de simpatizantes que ostenten ese embeleco propagandístico. Al menos así, cada conductor se hace responsable de su propia contaminación de imaginería visual y se convierte en agente activo de la nueva expresión de publicidad política microperforada.
Pero hablando en serio, es necesario participar decididamente el próximo 14 de marzo, como derecho y obligación. Debe hacerse a conciencia, elegir con sensatez y sentido práctico, votar útilmente, sin comer cuento, sin idolatrías ni pasiones viscerales. Quizás así, puede justificarse el colosal esfuerzo del Estado para patrocinar la justa democrática donde todos pueden tener voz y cabida.
Coletilla: La opinión espontánea del ciudadano libre tiene inmenso valor pero nunca tendrá precio.

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