Primer consorte de la nación
2010-03-11 00
Este año podrÃa resultar elegido también primer hombre un español, si los criollos le dicen sà a la candidata conservadora Noemà SanÃn.
Se supone que el posible agraciado, don Javier Aguirre, ha estado tomando cursos para no desentonar en su cargo.
No existe un manual sobre "cómo ser primer consorte y no fracasar en ese destino". Pero en Londres, donde Noemà repitió embajada para mejorar su precario inglés clonado del presidente Uribe, don Javier ha podido aprender de dos clásicos del oficio: los esposos de la Reina Isabel y de la ex primera ministra, Margaret Tatcher.
También podrÃa beber en la biografÃa del discreto san José, esposo de MarÃa, patrono universal de maridos unidos a mujeres que quitan la respiración.
El eventual futuro primer marido que le echaba los perros a Noemà desde la campaña que llevó a Uribe a Palacio, y a Noemà a la diplomacia, se aparta del cliché de privilegiados maridos que embolatan el tiempo jugando golf y despachando escocés "mil" años. Asà alivian el estrés que produce el hecho de ser pareja de fémina arrolladora.
Todo depende de que los colombianos decidamos darnos -o no- merecidas vacaciones del ritmo y talante paisas que ha impuesto el infatigable del Ubérrimo.
Biógrafos fugaces que se han tuteado con el ilustre chapetón lo encuentran agradable, inteligente, bien informado. "Con charme", dirÃan los franchutes. Le cabe el mundo en la cabeza. Es bajito pero para la ceremonia de posesión podrÃa alquilar -o comprar- tacones elevados.
Aguirre es discretamente arrogante. Un encantador de serpientes. No le ocultarÃa el sol a su dama quien, por si las moscas, frecuenta el gimnasio. Mostró considerables bÃceps en una aparición por televisión. ¡Ay de don Javier si se sale del libreto!
Como exquisito conversador, ante todo, es de los que sabe escuchar. Es de ideas claras, sincero, respetuoso del criterio ajeno. No lo patea la economÃa asà que podrÃa dar certeros consejos en caso de necesidad.
El exitoso ejecutivo, bogotano adoptivo por generosidad de la alcaldÃa, es crÃtico inteligente de España y Colombia, paÃses que conoce como a la palma de la mano de su amada. Porque te quiero te aporrio. Su entorno lo considera un colombiano de corazón.
Aunque no es vital para el oficio que se ve venir, no tiene problemas de chequera. Si su "dulce enemiga" es de aquellas compradoras compulsivas que arrasan con los descuentos en el exclusivo Harrods londinense, "no problem". (Además, la liberación femenina empieza por pagar la cuenta, y la abuela Noemà -casada antes dos veces- lo puede hacer tranquilamente. La liberación masculina consiste en permitir que lo hagan).
Los tortolitos han patentado un mecanismo exquisito para eternizar su amor: viven en ciudades separadas. Es su forma de darse espacios. Sólo hay reencuentros para faenas gratas.
Las urnas tienen la palabra. No Uribe, quien ya hizo guiños con los dos ojos abiertos por Juan Manuel Santos y su doble, Uribito.
Ojalá la Iglesia no se salga de la sotana porque el dueto no está arropado en ninguna epÃstola. Pero interpretan a la perfección la gramática del amor que pregona san Pablo en alguna de sus cartas. ¿Para qué más?
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