Para donde va Vicente
Una de las estrategias predilectas de polÃticos, predicadores y lÃderes de diferentes causas es mover masas. Atraer a la gente, seducirla y hacerla delirar con discursos que muchos de los asistentes a las manifestaciones no entienden, pero el solo ademán oratorio, los altibajos de la voz, las frases contundentes, el aleteo de los brazos, la melena revuelta (cuando el tipo tiene pelo), el sudor de la frente y la figura altiva, desafiante o profesoral hacen delirar al "oscuro e inepto vulgo", como despectivamente llamaba al pueblo raso Laureano Gómez.
Confieso que una de mis debilidades son las manifestaciones de plaza pública, que desafortunadamente, por razones de seguridad, se han limitado mucho. Pero en la memoria están grabadas las que de niño y adolescente presencié con tribunos de la talla de Gaitán, Alfonso López Pumarejo, los dos Lleras, Alberto y Carlos; Silvio Villegas, Augusto RamÃrez Moreno, Carlos Holmes Trujillo y muchos más, que electrizaban a la gente con su verbo encendido, lleno de metáforas, consignas, no pocas veces violentas; citas de los clásicos (algunas en latÃn) y de grandes figuras de la polÃtica universal (franceses para los liberales e ingleses para los conservadores) y el atuendo elegante, porque en el lejano pasado los polÃticos no hacÃan campaña de camiseta y tenis como ahora. Ni siquiera en los Llanos o en la Costa prescindÃan del vestido de paño y la corbata.
De las marchas que promueven los polÃticos o los lÃderes gremiales, casi siempre para protestar por medidas oficiales, famosa, inolvidable, fue la que organizó Gaitán desde la Plaza de Toros de Bogotá hasta la Plaza de BolÃvar, donde pronunció la famosa Oración por la Paz, para pedirle al presidente Ospina Pérez que cesara el exterminio de los liberales. La particularidad de esa manifestación consistió en que un mar de gente desfiló por la Carrera 7ª en completo silencio. Claro que en esa época las mujeres no participaban en eventos de esa clase.
Últimamente los lÃderes se la ponen más dura a sus seguidores, como el caso del polÃtico y dirigente cafetero que hizo ir a miles de campesinos de todos los municipios de Caldas y Risaralda a pie hasta la Plaza de BolÃvar de Armenia, donde les prometió, con un discurso que hubieran envidiado Demóstenes y Cicerón, por la elocuencia, que iba a acabar con la Federación Nacional de Cafeteros y que los grandes sueldos de sus ejecutivos se los iba a repartir a los campesinos. Gracias a eso fue electo senador y aunque sus promesas no se hubieran podido cumplir, el brillante orador si resultó ser un excelente parlamentario; aunque los cafeteros sigan igual de fregados.
Recientemente les tocó a los lecheros, para protestar por la firma del Tratado de Libre Comercio de Colombia con la Unión Europea, quienes, además de asistir a los mÃtines en varias ciudades del paÃs, tenÃan que llevar una vaca de cabestro, o una mula con angarilla y dos canecas. Con la diferencia con el lÃder cafetero de que los dirigentes de un gremio que ha sido tradicionalmente muy pasivo no tienen experiencia en esas "peloteras" y no sacaron nada. Los lecheros, entonces, se quedaron, como los terneros, mamando.
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