Para dónde va el crecimiento
Para meter baza en asuntos trascendentales es necesario hacer consultas. Eso es lo que ha hecho este modesto columnista, para tratar de entender, y asà comunicárselo a los lectores, en qué consiste el crecimiento económico de un paÃs y dónde quedan los recursos de los resultados cuando son favorables. Y quién cubre el déficit cuando pasa lo contrario. La investigación trasciende al Código de Hammurabi, un rey de la antigua Asiria, a quien le quedaba muy fácil gobernar porque era todero. Es decir, hacÃa todo. Lo que significa que no tenÃa parlamento a quien sobornar con consulados y notarÃas para que le aprobara sus proyectos de ley, ni corte constitucional que se los revisara para darles el visto bueno. "Roma locuta, causa finita", como se dijo mucho más adelante en la historia, para avalar las "alcaldadas" de los emperadores. El Código de Hammurabi, que se sepa, no ha sido derogado todavÃa; y lo de "ojo por ojo y diente por diente", se aplica directamente entre los implicados en un conflicto, para suplir la lentitud de la justicia ordinaria.
También nos asomamos al Código Napoleónico, a varias constituciones europeas, a las teorÃas de los premios Nobel de economÃa y a las prácticas de las amas de casa, cuyos maridos apenas ganan el salario mÃnimo.
Para poner el caso en términos asimilables para cualquier lector desprevenido, el crecimiento o decrecimiento de la economÃa de un paÃs resulta de comparar el Producto Interno Bruto de un perÃodo determinado (que es todo lo que produce en bienes y servicios) con otro, y sacar la diferencia, positiva o negativa. Hasta ahà vamos bien. Si el balance es positivo, de inmediato los voceros del gobierno salen a reclamar sus méritos por el esfuerzo hecho, y la acertada gestión, a favor del crecimiento. Y si lo contrario (negativo), a exponer un catálogo de disculpas, que incluye decir que otros paÃses están peor que nosotros. "Mal de muchos, consuelo de tontos." Y de inmediato dictar normas de emergencia económica que socialicen las pérdidas, metiéndole la mano al bolsillo a todo el mundo, sin discriminación.
En cuanto al destino de los beneficios de los resultados positivos, puede compararse la economÃa de un paÃs como Colombia con su sistema hidrográfico. Los riachuelos, quebradas, cascadas, lagos, nacimientos, rÃos, etc., de acuerdo al tamaño de sus caudales, pueden asimilarse a trabajadores, obreros, empleados, ejecutivos, comerciantes informales y formales, pequeños y medianos industriales, profesionales y demás, cuyos esfuerzos productivos van a dar al mar, que son los monopolios, las multinacionales, las entidades bancarias y las de servicios públicos, receptores finales de toda el "agua" que corre por el paÃs.
De acuerdo con lo anterior, no hay que dejarse impresionar por las cifras, las estadÃsticas y los discursos de ministros, altos funcionarios públicos y voceros de los "grupos de presión", como llamó el presidente Valencia (1962-1966) a las organizaciones que jalan el lazo para el lado de los intereses de cada uno, sin importarles quién se ahorque, porque la base económica de la sociedad siempre estará jodida. "Bendita democracia, aunque asà nos mates", dijo el Maestro Valencia.
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