Oposición: balance y perspectiva

2010-06-28 00
opinion

El balance de lo alcanzado por la oposición es muy positivo, a pesar del indisputable triunfo de Santos y del respaldo popular a Uribe. Quizás el logro más importante fue haber derrotado la segunda reelección. Ya hay un nuevo presidente electo, culmina el período constitucional del actual presidente y se ha creado un precedente que va a disuadir a otros de hacer algo parecido. Si Uribe no logró cambiar esto, después de haber invertido la mayor parte de su segundo período, su capital político, su prestigio, y cuantiosos recursos del presupuesto con ese propósito, otros presidentes lo van a pensar dos veces y no van a ceder fácilmente a la tentación de cambiar las reglas del juego en beneficio propio.

Con el relevo en el gobierno se van a resolver otros problemas. Los conflictos con Ecuador y Venezuela, y el aislamiento de Colombia en América Latina son preocupaciones que el nuevo gobierno se propone atender. El enfrentamiento entre el ejecutivo y las altas cortes parece estar llegando a su fin. El presidente elegido ha asumido como propias algunas de las principales banderas del movimiento verde, ya que ha prometido gobernar sin clientelismo, fortaleciendo a los partidos, respetar los derechos humanos y obrar estrictamente dentro de la ley.

Algunos de sus asesores dicen que eso es lo normal en un gobierno democrático, y que no hacía falta prometerlo, pero no hay que olvidar que la mayoría de quienes votaron por Mockus votaron a favor de la legalidad y que más de un 40 por ciento de los votantes potenciales estuvieron inclinados a hacerlo en un momento dado precisamente porque un gobierno que había sido elegido democráticamente se estaba apartando de esos principios básicos. En su discurso del día de las elecciones Santos, antes de agradecerle a Uribe, se refirió a las preocupaciones de la oposición y le hizo con sus compromisos un reconocimiento a todos los que estaban preocupados por la democracia.

Pero si el balance de la oposición es positivo hasta el momento no parecen muy prometedoras sus perspectivas en un inmediato futuro. Santos está genuinamente feliz e irradia confianza. Ya no es solamente una figura competente sino que ha resultado generoso y hasta simpático. Ha procedido con muy buen tino y tiene asegurado un período de luna de miel durante el cual no va a tener adversarios políticos. El cansancio que producía haber tenido a un mismo presiente durante tanto tiempo también ha operado en su favor. "Veinte años no es nada" en una vida, pero ocho años de un mismo presidente es demasiado. Cada anuncio de un nuevo miembro del gabinete produce alivio y regocijo, en parte porque se han hecho buenas elecciones, pero también porque estábamos cansados con los anteriores.

Tenía razón Enrique Peñalosa cuando dijo que no es el momento para hacer oposición. Ni siquiera lo es para ser deliberativo. Los que no votaron por Santos y no quieren estar en la unidad nacional tienen una difícil tarea que consiste en prepararse para cuando sea oportuno convertirse en oposición. Una manera de hacerlo es formar un "gobierno sombra" que le haga seguimiento y le cree desafíos al recién elegido. Se puede principiar preguntando, por ejemplo, si se va a mantener la protección que impide el crecimiento de sectores exportadores y generadores de empleo.

¿Cuál es la estrategia para que Colombia no siga siendo el país de América con la peor distribución del ingreso? ¿Cuáles carreteras se van a terminar antes de 2014? ¿Cómo ponerle fin al favoritismo en las licitaciones públicas? Una manera de colaborar con el buen gobierno es montarle monitoría y hacerle competencia.




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