Normales y espantapájaros

2010-05-10 00
opinion
Hay varias maneras de ver las cosas: por el lado malo, por el bueno y, equilibrando las cosas, por el que tiene ambos ingredientes. Lo que se llama objetividad. Y hay un elemento adicional que es poner en la balanza lo bueno y lo malo de las personas o de las situaciones y ver qué pesa más, antes de emitir juicios o de tomar decisiones.
La juventud siempre ha sido objeto de las miradas de analistas, críticos y medios de comunicación, porque es más vistosa, es la esperanza de las sociedades y concentra los esfuerzos de gobiernos, educadores y padres de familia.
Un documental de televisión mostraba hace poco a grupos de jóvenes estudiantes de ambos sexos que exhibían unas pintas estrafalarias y se expresaban de padres y maestros de una manera agresiva. Preocupa que algunos muchachos tomen decisiones irreversibles, como llenarse de tatuajes e instalarse en lo lóbulos de las orejas unos aretes del tamaño de un plato dulcero. O ponerse en la nariz, en los párpados y en los labios tornillos, aros y otros perendengues, que los hacen ver extravagantes, de mal gusto. Y qué tal los peinados, con el pelo de varios colores y levantado, como si en vez de peineta o cepillo usaran para peinarse choques eléctricos. Y la ropa, rota, desflecada y los calzones caídos mostrando la ropa interior, para que pierda su condición de “íntimaâ€. Y lo que sigue es el vocabulario, que causa asco. Además de la forma de referirse al orden establecido, a las autoridades y a los educadores, a quienes confrontan abiertamente, para lo cual cuentan ahora con el amparo de la tutela, que defiende los desafueros de los jóvenes como una expresión “del libre desarrollo de la personalidadâ€, con el aval de padres de familia permisivos o flojos.
Pero estos que reseñamos son una ínfima minoría. El caso es que para algunos periodistas esa es la noticia que vende, que impacta, que produce circulación y rating. Pero lo que se ve en los predios de los colegios y universidades, y en la calle, es distinto. Y las páginas de los periódicos serios y los informes de la televisión objetiva muestran muchachos emprendedores, imaginativos, creadores, lúcidos en sus ideas políticas y religiosas y propositivos. Claro que para los viejos la conducta de los jóvenes siempre es cuestionable, porque la tolerancia con ellos no va más allá de los nietos. Los otros que se los aguanten sus respectivas mamacitas. Y eso ha sido así siempre. Platón, 360 años antes de Cristo, decía lo mismo que se oye ahora: “Estos muchachos de hoy en día…â€, con lo que comenzaba la crítica.
El padre José Manuel Martín Descalzo, escritor y educador español, afirmaba que una juventud que no fuera rebelde y contestataria no tenía futuro. Esa es su naturaleza: ser reformadora, creativa, innovadora…Lo que hay que mirar con expectativa y apoyar cuando demuestra ser útil. En cuanto a los estrafalarios, si no sirven para abogados, médicos, ingenieros o científicos, habrá que colocarlos de espantapájaros en los cultivos de gramíneas. Para algo tienen que servir.



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