La piel de la tierra

2010-04-04 00

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Ãngeles Barceló, la conocida periodista española, reunió en su Hora Global 25 que llega a todos los rincones del mundo, a tres reconocidos líderes mundiales para hablar sobre el modelo energético y su relación con el cambio climático. Al debate concurrieron el ex presidente de Chile, ahora Enviado Especial de la ONU para el Cambio Climático; Manuel Marín -principal arquitecto del ingreso de España a la Comunidad Europea y ahora en el centro de un trabajo a nivel mundial sobre energías limpias- y Paolo Lugari Castrillón, fundador y director del Centro Las Gaviotas, pionero en investigación y aplicación de fuentes renovables de energía y en producción de biocombustibles.

Como era de esperarse, el intercambio de ideas resultó especialmente ilustrativo. Sin embargo, fue claro el contraste entre la perspectiva dentro de la que se movieron -con su indiscutible autoridad pero también con inocultable acento dogmático- Lagos y Marín. Todo ello frente a la visión de avanzada, de estirpe presocrática, con que Paolo Lugari ha sorprendido al mundo académico cuestionando el enfoque reduccionista con el que se pretende hacer frente al cambio climático. Después de más de cuarenta años de liderazgo pionero en energías renovables y en innovación tecnológica, el caso Gaviotas ha llegado a conmover a los más impensados centros de pensamiento global. Algo que le mereció a Paolo Lugari un doctorado Honoris Causa en Ciencias otorgado por la Universidad Carnegie Mellon, en el núcleo de la élite universitaria de los Estados Unidos.

Los tres panelistas claramente coincidieron en que una de las claves del nuevo modelo energético es lograr una mayor eficiencia en el uso de las fuentes actuales de energía y, por supuesto, en proseguir con fuerza creciente la búsqueda de tecnología avanzada para aprovechar al máximo fuentes alternativas de energías no contaminantes. Para cualquier ciudadano del mundo esto comienza a ser lo obvio. No obstante, en el centro de esta búsqueda está, por supuesto, el descomunal desafío que supone el cambio de hábitos de consumo en un mundo industrial dominado por el hiperconsumo y por el uso desbordado y la destrucción simultánea de la biomasa y de la biodiversidad terrestre.

Para Paolo Lugari, existe una falla fundamental en los modelos de análisis aplicados hasta ahora al fenómeno del calentamiento global y del escalamiento en los niveles de contaminación con los gases de efecto invernadero. Según su tesis reiterada, todas las aproximaciones al problema han ignorado sistemáticamente la interdependencia indeludible entre el balance químicoatmosférico, que hace posible la actual proliferación y permanencia de vida en la tierra y la cantidad de biomasa que, a través de la evolución, ha hecho viable la existencia de todas las especies. La ruptura de ese balance como resultado principal de la acción antrópica, se expresa, según sus propias palabras, en la “pérdida incontenible de la piel terrestre incluidos los océanosâ€. Que bien podría compararse con el cáncer de piel causado en los seres humanos por los rayos ultravioleta. Dentro de su visión orgánica de la Madre Tierra, Paolo Lugari concluye que el camino principal para neutralizar el llamado efecto invernadero está en atacar la “calvicie terrestreâ€, resembrando la tierra. Porque de ello depende su química fundamental y de su patrón de comportamiento, algo que, a su entender, resuelve de paso la gran falencia de los enfoques dominantes, que hacen énfasis casi exclusivo en “extraer energía†y no en “sembrarlaâ€.

Paolo Lugari advierte que aunque la interacción biomasa-balance químicoatmosférico es innegable, no hay medición científica sobre la cantidad mínima requerida de biomasa para que la pérdida incontenible de biomasa no termine haciendo inviables las actuales formas de vida. “Hay una química fundamental de la tierra. En la medida en que ésta se altere, estaríamos jugando con la clave de la vida misma y aproximándonos a una atmósfera que no hace viable la vida humana. No tenemos ningún termostato para controlar el clima, pero de tiempo atrás hemos principiado a desestabilizarlo. Debemos entonces proponernos sin temor recuperar la infraestructura original de piel boscosa y vegetal en la tierra, para evitar la inestabilidad química de la atmósfera. Con esto se frenaría de paso el efecto invernadero, causa principal del recalentamiento globalâ€.

Para Paolo Lugari no basta reposar sobre el mito de que la Amazonia hace el papel suficiente de pulmón del mundo. Porque aún en el caso de que se conservara como está, según un informe de Naciones Unidas y del BID, su balance casi perfecto entre la producción de oxígeno y la fijación de carbono hace que no presente incrementos de biomasa. No obstante, el papel crucial adicional que cumple ese megaecosistema es el del ser el mayor banco genético de la tierra.

En sus respuestas a Ãngeles Barceló, Paolo Lugari claramente tomó por sorpresa a los otros dos distinguidos panelistas con la revelación que, solamente en la América tropical, hay muy cerca de 300 millones de hectáreas de sabana con vocación para “siembra de energíaâ€, pero también para contribuir simultáneamente a la recuperación de la biomasa perdida y a alejar el peligro de comenzar a cruzar la frontera de una sexta extinción que arrastre con la viabilidad de la vida humana sobre el planeta. Y todo ello sin desmedro de la producción de alimentos a costa de la deforestación y de la generación de biocombustibles.

Para el Director de Gaviotas, la protección de la bioquímica terrestre debería ser declarada como objetivo central dentro de la formulación de estrategias para un modelo energético capaz de neutralizar el cambio climático. En esa perspectiva, el tratamiento de la “calvicie terrestre†debe actuar por igual para recuperar las superficies boscosas tanto como la vida vegetal en los océanos. Su conclusión es también un llamado a la conciencia individual y colectiva: “No podemos seguir alterando letalmente la matriz de la vida y de sus ciclos, mantenidos e impulsados por la energía de la radiación solar y por el milagro de la fotosíntesis que produce la biomasaâ€.




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