Herido en su orgullo

2010-03-14 00
NOTICIA

Fanny Bernal Orozco*

Manizales

 

Era un eremita de avanzada edad. Sus cabellos eran blancos como la espuma y su rostro aparecía surcado por las profundas arrugas de un siglo de vida. Pero su mente continuaba sagaz y despierta y su cuerpo seguía flexible como un lirio.

Sometiéndose a toda clase de disciplinas y austeridades, había obtenido un asombroso dominio sobre sus facultades y había desarrollado portentosos poderes psíquicos. Pero a pesar de todo ello no había logrado debilitar su desmesurado ego.

La muerte, empero, no perdona a nadie y, cierto día, Yama el señor de la Muerte, envió a uno de sus emisarios para que atrapase al eremita y lo condujese a su reino.

El eremita con sus grandes poderes de clarividente y haciendo uso del don de la ubicuidad, proyectó su cuerpo en treinta y nueve formas iguales a la suya.

Cuando llegó el emisario de la Muerte, contempló estupefacto cuarenta cuerpos iguales y, siéndole imposible detectar el cuerpo verdadero, no pudo apresar al astuto eremita. Fracasado el emisario de la Muerte, regresó junto a Yama y le expuso lo sucedido.

Yama el todopoderoso señor de la Muerte, se quedó pensativo durante unos instantes. Acercó sus labios al oído del emisario y le dio algunas instrucciones precisas. Una sonrisa asomó al rostro del emisario de la Muerte, que se puso de nuevo en marcha.

De nuevo el eremita con sus facultades tan desarrolladas y su gran percepción, se dio cuenta de que se aproximaba el emisario y él volvió a crear treinta y nueve formas idénticas a la suya.

El emisario de la muerte volvió a encontrarse con cuarenta formas iguales. Siguiendo las instrucciones de Yama, exclamó:

-¡Muy bien, pero muy bien!, ¡Que gran proeza!

Y tras una breve pausa de silencio, agregó:

-Pero indudablemente, hay un pequeño fallo.

Entonces el eremita, herido en su orgullo, se apresuró a preguntar:

.¿Cuál?

Y así el emisario de la Muerte pudo atrapar el cuerpo real del eremita y conducirlo sin demora al mundo de los muertos.

Tomado del libro, Los mejores cuentos espirituales de Oriente por Ramiro Calle.

La manera como cada ser humano asume la realidad es el fruto de múltiples situaciones de su vida: pautas de crianza, vínculos, límites, valores, hábitos, lecturas, amigos, ambiente, entre otras, todas ellas van formando un modelo mediante el cual no solo se identifica, sino que además se comunica con su entorno.

Lo anterior significa entonces que cada persona puede a través de sus actitudes, palabras y emociones, mostrar una imagen de sí misma ajustada o no a su realidad interna, esto varía de acuerdo a como se ha construido el entramado psicológico.

-¿Cómo se define en este momento de su vida?

-¿Conoce cuál es la emoción que en usted tiene más fuerza?

-¿Cuáles son sus características más importantes?

-¿Sabe usted, para qué sirve el ego?

-¿Es respetuoso, amable, sabe escuchar, es de mal genio, solidario, compasivo, honesto, trabajador, envidioso, juzgador, agresivo, valiente, arriesgado, tolerante ante las frustraciones, paciente, ansioso, orgulloso?.

Hay personas que tienen un ego tan grande que consideran que son invencibles e intocables, usan su poder tanto para bien como para mal, tienen dificultades para asumir unos mínimos éticos en las relaciones, no saben escuchar, se creen perfectos y cualquier crítica les hace perder la atención.

En la historia de hoy, el eremita considera, no que tiene poder, sino que él es el poder y no está dispuesto a dejárselo arrebatar de nadie. Es por ello que juega, hace trampas, crea ilusiones, pero son solo eso ilusiones…, lo real es que no se puede jugar escondidijo con la muerte, ahí en ese momento, no tiene ningún valor el poder del ego.

-¿Qué puede ser más fácil, poner resistencia o aceptar?

-¿Qué haría usted?

 

*Psicóloga

fannybernalorozco@hotmail.com




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