Gústenos o no, esa es la política
Los últimos días que se vivieron y que fueron de intensa actividad partidista por efecto de las elecciones de Congreso y dos consultas internas de partidos, me trajeron el recuerdo de una juventud incrédula, en la que la política hastiaba y sus protagonistas directos, los políticos, eran mirados como el peor engendro por aquello de las coaliciones, de las repartijas burocráticas milimétricas y de los escándalos de corrupción, temas del diario acontecer caldense.
De eso nos quedaron tristes legados increíblemente impunes como el robo a Caldas, engaños con planes de vivienda piratas y ficticios, las famosas dietas parlamentarias y los sonados viajes al exterior de nuestros congresistas que con el pretexto de mostrar la fuerte tradición democrática del país se iban de turismo por el mundo, pagados con recursos de los contribuyentes.
En ese trasegar de la vida en el que como simple espectador ciudadano en más de una ocasión me tocó hacer caras largas cuando veía o mencionaban nombres cuestionados la clase política y todo lo que ella hiciera significaba un vomitivo que difícilmente aceptaba.
Pero pasaron los años y por efecto del estudio y del trabajo, al igual que del conocimiento que estos dan, mi percepción de la política cambió, aunque no mucho la que tenía de los políticos comunes. Sin embargo entendí, en medio de decepciones y de ingratas sorpresas, que la política nunca se terminará, que es uno de los males más necesarios de una democracia y que si hoy le hago el feo, como hace 25 o 28 años, mañana por cualquier circunstancia la estaré necesitando o reclamándola para bien de cualquier decisión personal, familiar o de algún factor de desarrollo general.
La referencia sobre el tema tiene que ver con los resultados (a medias) de la reciente elección de Congreso de la República pues nada justifica en un país “de tradición democrática” como el nuestro que las decisiones de todos las estemos tomando apenas la mitad o menos , lo que quiere decir que mi amigo, el desconocido del frente, el señor que va en la buseta o el gran empresario que va montado en su lujoso auto camuflado como un ilustre industrial, pueden haber decidido por usted el apático, la incrédula, el desentendido y todos aquellos que se olvidaron del deber casi sagrado que en Colombia o en cualquier nación libre y soberana significa votar.
Volvemos entonces al eterno discurso de para qué voto si aquí todo se lo roban, siempre ganan los mismos, en esa rosca no entro yo, eso ya está comprado, en fin, una serie de acusaciones que sólo le dan fundamento al apático, al irresponsable y al cobarde. El día que entendí la importancia de votar asumí la actitud, con convicción, de exigirle a la clase política, de reclamarle cuando se equivoca, de solicitarle que aclare cuentas de su vida pública y de insistirle en que hay que trabajar por y para la gente, como es su deber.
Eternamente estaremos guiados por la política, gústenos o no, y en este país ella se hace con los que el pueblo elige, que tristemente son los más cuestionados y señalados, caso de las familias tradicionales de la costa, de los nietos y tataranietos de los ex presidentes, del clan de los terratenientes, de los ungidos por los transportadores y de los testaferros de los mafiosos, paramilitares y narcotraficantes a los que nuestra imperfecta democracia les permite llegar a cargos de representación popular.
Por eso mi llamado es a que piense muy bien en la política y entienda que no se la puede dejar a los demás porque usted y los suyos también cuentan y tienen la forma, si se deciden, de incidir en un cambio positivo para su ciudad y para el país. Necesitamos pues nuevos líderes políticos, jóvenes dispuestos a trabajar por el bien ciudadano y que antes que criticar porque no hacen nada, tenga la capacidad de exigir para que lo hagan, de lo contrario seguiremos soportando malos gobernantes y pésimos concejales, diputados, representantes y senadores.
Espero por lo pronto, así algunos digan que eso es negativo para Caldas pues se pierde la posibilidad de tener un senador, que Arturo Yepes se queme. Si gana es mantener latente la temible coalición, es darle vida al nepotismo y a las prácticas insanas. Y él, sumado a los que ya lo vienen haciendo, termina por destruirnos. Voté y eso me da derecho a exigir y a opinar. No entiendo el malestar de quienes siendo personas públicas quedan en evidencia por sus yerros. Gobernar y legislar es el arte de acertar en bien de todos, no en el propio. De manera que Adriana Franco, Juana Carolina Londoño, Jairo Quintero, Hernán Penagos, Jorge Hernán Mesa, Luis Emilio Sierra, Mauricio Lizcano, Jorge Enrique Robledo a cumplirles a Caldas y al país. Estaremos atentos a sus desempeños y acciones.
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