Escaramucia; voces disparatadas; de que; numerales cardinales

2010-07-27 00

 

opinión

El columnista OD, Óscar Domínguez, está que se descalza a peinillazos de la berraquera que tiene (con perdón de las señoras), porque en LA PATRIA alguien le sustituyó la palabra ‘escaramucia’ por ‘escaramuza’. Así se expresó: "Juro por los tres pelos del diablo, o por el campanero de la Catedral de Manizales, o por las lenguas triperinas de La Cigarra, que en mi columna de hoy (Una eternidad sin sol), nunca escribí la voz ‘escaramuza’, entre otras cosas, porque no venía al caso. Utilicé otra palabra (escaramucia), que no encontré en ninguno de mis diccionarios…" (VII-16-10). Recordé, entonces, un cuento (bueno o malo, usted lo decide, señor) que contaban en los tiempos de Maricastaña: Había por aquellas calendas -en mi pueblo o en el suyo- un personaje que, sin ninguna razón aparente, se convertía intempestivamente en un energúmeno, y acababa, como dicen, hasta con el nido de la perra. Cuando le preguntaban por la causa del fenómeno, siempre respondía: "Es que a veces siento una escaramucia… que me da, me da, me da… y… ¡me dio!". Y, ¡claro!, todos los presentes huían despavoridos. El trastorno de este fulano quizás tenga que ver, no con la ‘escaramuza’ propiamente dicha ("Refriega de poca importancia sostenida especialmente por las avanzadas de los ejércitos"), sino con lo que la gente llama, o llamaba, ‘escaramuzas’, palabra definida así por Agustín Jaramillo Londoño: "Corriente nerviosa que recorre parte del cuerpo y hace poner la carne de gallina" (Testamento del paisa). Sea como fuere, la grafía de la palabreja aquella (que no se encuentra ni siquiera en los diccionarios de regionalismos) tiene alguna lógica, porque no sólo tenemos el verbo ‘escaramucear’ (escaramuzar = "sostener una escaramuza"), que pronunciamos ‘escaramuciar’, sino que ‘escaramuza’ procede del italiano ‘scaramuccia’, en francés, ‘escarmouche’. ¿Conclusión? El vocablo ‘escaramucia’ merece un espacio en los diccionarios de colombianismos, antes de ‘escarapelar’, con la siguiente acepción: "Corrientazo nervioso involuntario y pasajero, que produce reacciones diferentes en quienes lo padecen". Para que así se le pase la ‘esa’ al señor Domínguez, Óscar Domínguez. Amén.

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Son tantas las voces disparatadas que he coleccionado, que muy pronto podré publicar un diccionario de ellas. ¿Sabe usted, por ejemplo, qué significan las voces ‘carmetón’ y ‘vallenatón’? -¿No? - Pues yo, mucho menos. Pero las leí en LA PATRIA del 16 de julio, día de la Virgen del Carmen: "…la parroquia de Nuestra Señora del Carmen hará un carmetón para recibir una lluvia de materiales…" (Revista, VII-16-10) "¿Qué le gusta del vallenatón?" (Escenario). Según estas citas, ‘carmetón’ (acrónimo ilógico, esnobista y estúpido, compuesto de las primeras cinco letras de ‘Carmen’ -o de carmín, carmesita, carminar, carminita, ¿por qué no?- y de las tres últimas de ‘maratón’), se podría definir como "una celebración maratónica realizada el día de la Virgen del Carmen para recoger materiales"; y ‘vallenatón’ (de las primeras siete letras de ‘vallenato’ y las tres últimas de ‘reggaetón’) es, según el texto, "Letra vallenata cantada con el ritmo del reggaetón). Pero, como termina en ‘ton’ (las mismas últimas letras de ‘maratón’), podría significar también "una maratónica interpretación de vallenatos". Lo que confirma la irracionalidad y estupidez de estos acrónimos (y el esnobismo bobalicón de sus inventores), tan de moda en estos tiempos, en los que, parece, importan muy poco la lógica, la belleza y la integridad del idioma.

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El Fraile debe estar empachado por estos días, porque en su "Carta a Juan José", del 18 de julio, engulló la preposición ‘de’ de estas dos oraciones: "…dado el hecho que los acontecimientos del 20 de julio…"; "…también lo es el hecho que la total expulsión del dominio español…". "…dado el hecho DE que los acontecimientos…"; y "…es el hecho DE que la total expulsión…". Ello es que, sin la preposición, la partícula ‘que’ adquiere la naturaleza de ‘pronombre relativo’, sujeto de una frase subordinada (p.e., "dado el hecho que mencioné antes"; "es el hecho que produjo desasosiego entre los asistentes"). Con la preposición ‘de’, en cambio’, ‘que’ hace parte de la locución conjuntiva ‘de que’, no muy literaria, por cierto, pero necesaria en esta construcción. Razón por la cual, y para aquellos que le tienen ‘terronera’ al dequeísmo, lo más aconsejable es cambiar el giro de la oración. Y santo remedio.

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En el mismo artículo, su autor escribe: "…el día diez de agosto del año diez y nueve…": "…el comprendido entre el diez y el diez y seis…". Aunque no es incorrecta esta forma de escribirlos y pronunciarlos, en la actualidad es más aceptado escribir los siguientes numerales cardinales de esta manera: Dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve; veintiuno, veintidós, veintitrés, etc.

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Víctima de la ‘subjuntivitis’, llegó al pabellón correspondiente el doctor César Montoya Ocampo. El espécimen positivo fue éste: "Alberto Agudelo Duque transcribe la acusación que le hiciera Francisco Luis Ocampo…" (LA PATRIA, VII-15-10). "Que le hizo", señor. El internista de turno le recomendó que releyera en cualquier texto de castellano (mientras más viejo mejor) el capítulo correspondiente a los modos verbales. No hay otra medicina, le dijo.




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