El peri贸dico se niega a morir

2010-02-23 00
Oscar
Record茅moslo en el escueto febrero, mes en el que los periodistas nos damos coba: cuando nace un nuevo medio enseguida se decreta la muerte de los existentes. 驴Cu谩ntos responsos no se han entonado a la muerte del peri贸dico?
En el principio fue el verbo, o sea, el voz a voz que fue el primer diario gratuito que circul贸. In illo t茅mpore, el mundo era tan elemental e ingenuo que Dios era a la vez Dios, peri贸dico, todo.
Hac铆a m煤ltiples destinos por el mismo sueldo. Como sucede con quienes muelen multimedia. Si deseaba comunicar algo, tiraba l铆nea camuflado detr谩s de una nube.
Por ese sistema que no exig铆a rotativa, el de arriba le notific贸 a Ad谩n que tendr铆a mujer por deliciosa c谩rcel perpetua. La cre贸 de una prosaica costilla aunque los hombres tenemos mejores presas. Pero no entrar茅 en discusiones. Mejor escojo 鈥渆nemigos鈥 m谩s peque帽os.
Despu茅s vinieron la telepat铆a y su pariente remoto, el eco. La telepat铆a es un simple fax mental de ida y regreso. Y pare de contar. Est谩 ah铆, para acabar de inventar. Como los celulares. O el hombre.
Con la telepat铆a y el eco medio mundo pens贸 que se acabar铆an Dios, el voz a voz, las nubes. Falso positivo. Todav铆a el eco funciona como medio de comunicaci贸n. Es la Internet de los campesinos. Tiene el viento por rotativa.
El mensaje v铆a eco llega editado de una vez. No precisa editor. Este peri贸dico de tres letras no admite paja. La verborrea es exclusiva de los mortales. Cuando fallaba el eco porque 鈥渟e baj贸 el sistema鈥, aparec铆an las se帽ales de humo, el 鈥渄iario鈥 que impact贸 a Col贸n y dem谩s hambrientos viajeros.
El sue帽o tuvo su 茅poca de vacas gordas. En sue帽os, Mois茅s sab铆a lo que ten铆a que hacer para conducir a sus d铆scolos circuncidados. El colega-arc谩ngel Gabriel le orden贸 en sue帽os al carpintero Jos茅 que se abriera del parche porque ven铆a Herodes con una rama. Los 谩ngeles han sido siempre el eslab贸n perdido entre Dios y el hombre de a pie.
Para no aburrirse, el hombre invent贸 el alfabeto. M谩s tarde, vino su carnal la imprenta.
Caminemos r谩pido para llegar a la instant谩nea radio. M铆nimo, se pens贸 que todo lo creado hasta entonces, ir铆a a parar al olvido. Y cuando irrumpi贸 la televisi贸n, los d铆as de la radio dizque estaban contados. Negativo al cien.
Desde hace poco, relativamente, do帽a Internet, con sus redes sociales, tiene en jaque a la prensa. Los ventr铆locuos de desastres prev茅n que donde hay peri贸dicos ma帽ana habr谩 iglesias, guarder铆as, hipermercados, peluquer铆as, universidades.
鈥淟os muertos que vos mat谩is鈥︹. Simplemente, se han repartido las cargas. Las noches son del gato, del misterio y de la televisi贸n. Las ma帽anas de la radio. Internet, el celular, el blackberry -y los peri贸dicos- son de todas las horas. Para todos hay. El meollo del asunto est谩 en reinventarse, como sugieren los obvios textos de autoayuda.
Nada m谩s desolador que un d铆a sin peri贸dico que nos permite ver, o铆r, oler, (Internet no huele a nada) gustar y palpar lo que sucede. Con el diario uno puede meterse el mundo debajo del sobaco. O envolver aguacates para el rito gastron贸mico meridiano. Con el computador, as铆 sea de plasma, no se pueden cumplir esas liturgias.
La gente nace o muere de verdad cuando lo dice el peri贸dico, que est谩 condenado a la cadena perpetua de la eternidad. Como sus antepasados el eco y el sue帽o. 鈥淢ientras haya mujeres, habr谩 poes铆a鈥. Y peri贸dicos. No acepto la muerte del diario.



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