Bienvenido, pensionado Uribe
Comentario cl谩sico de una se帽ora cuando habla con sus amigas sobre la abrumadora presencia en casa todo el d铆a de su marido pensionado: 鈥淏ruta, tengo el sant铆simo expuesto鈥.
Los pensionados vivimos en esa condici贸n de personas no gratas. El presidente Uribe estren贸 estatus de 鈥渟ant铆simo鈥 desde el s谩bado en la tarde, cuando le entreg贸 las llaves de la casa a su delf铆n, JMSantos.
Es uno m谩s del directorio telef贸nico. Claro que tiene inmortalidad asegurada, para regocijo de los furibistas a quienes veo creando la iglesia uribiana para perpetuar su adoraci贸n por el infatigable caudillo.
Los corotos de los Uribe Moreno, incluido los de Jer贸nimo, el hijo Bon-bril, est谩n en el nuevo cambuche. Por lo pronto, vivir谩n en una guarnici贸n militar para alejarlos de las malas tentaciones de 鈥渓a Far鈥.
Con la casa por c谩rcel, Uribe se sentir谩 m谩s raro que un pulpo a cuadros. No le ser谩 f谩cil batutear el inc贸modo encierro. Para un camellador insigne que hizo del trabajo una religi贸n, la claustrofobia nunca ser谩 su fuerte.
En la pr谩ctica, un todero como Uribe no deber铆a tener problemas porque en casa resulta mucha cosita qu茅 hacer: arreglar la plancha, la licuadora, hacer de doctora coraz贸n para aliviar las tusas amorosas de la prole.
Se puede pensar en la opci贸n de improvisar una carpinter铆a. O montar una universidad de garaje. O asesorar a la ONU que ya lo fich贸 como asesor en pleitos.
Adem谩s, lo espera una interesante y productiva profesi贸n: la de conferencista internacional, esa estrella que repite la misma charla en todas partes, mientras crece su cuenta bancaria.
Es de fe que pensionarse equivale a sacar m谩ster en hacer mandados, otra distracci贸n v谩lida para los que tienen el sol a la espalda. O m谩s abajo. Cobrar la pensi贸n -y hacer supervivencia que consiste en demostrar que uno est谩 vivo- tambi茅n es un se帽or programa.
En este sentido, cualquier salida a la calle es ganancia.
Una vez alcanzada la tierra prometida del asfalto el mundo nos pertenece. Lejos de la f茅rula dom茅stica se pueden frecuentar m煤ltiples logias de pensionados. Estamos en todas partes, como el viento. Siempre habr谩 una silla vac铆a para que el advenedizo 鈥渜ue empieza a desaparecer鈥, deposite all铆 su ag贸nica y averiada retaguardia.
Las reglas de juego son piladas: cada cual paga su consumo. Por definici贸n, los pensionados se re煤nen para despotricar del gobierno. Despu茅s del ritual desahogo, rellenan la larga jornada haciendo crucigramas, jugando ajedrez o billar despu茅s de la siesta. El musical tas-tas tiene el efecto de la uribista valeriana.
En Bogot谩, donde seguir谩 viviendo el presidente (con fugas ecol贸gicas a Rionegro y el Ub茅rrimo, C贸rdoba), hacen nube los parches de jubilados. 鈥淓l pabell贸n de los p谩jaros ca铆dos鈥, orientado por el octogenario y activo periodista Hip贸lito Hincapi茅, Don Polo, es uno de tantos. Est谩 situado en pleno centro de Bogot谩. Fue bautizado as铆 por la invencible tendencia a la disfunci贸n er茅ctil galopante de quienes lo frecuentamos.
Los vecinos del inminente ex mandatario est谩n g眉etes. Si hay que abrir chazos o hacer tareas para ni帽os, el memorioso Uribe, encarnaci贸n del sapient铆simo t铆o Google, les puede dar una mano. Lo mismo si hay que darle en la jeta a alguien.
A manera de agradecimiento por la exhaustiva misi贸n cumplida, comparto con el presidente la f贸rmula de la felicidad (A) de Einstein: A= X+Y+Z. En la que x, es trabajar, y, jugar, y z, callarse la boca.
-
- Inicie sesi贸n o reg铆strese para enviar comentarios


Comentarios
UNO MISMO SE ABURRE O SE DESABURRE CUANDO QUIERE