¿Sabéis cómo me imagino el paraíso?
Fanny Bernal Orozco*
Manizales
Cierta noche tres amigos ascendían por la pendiente del monte Sinaí, esperando llegar a la cima antes del anochecer.
Estaban ansiosos por respirar el mismo aire donde, siglos atrás, habían resonado las voces de Dios y de Moisés.
-Hagamos un alto para reponer fuerzas - propuso el de más edad, al llegar a una planicie del monte.
Encendieron un fuego, repartieron pan y queso de cabra, y llenaron sus copas con vino de Grecia.
-Amigos míos –dijo el más joven
-¿Sabéis, cómo me imagino el paraíso?
-Como un lugar con mujeres bellas, banquetes deliciosos y siestas profundas sin sobresaltos.
Al oír esto, el otro joven se entusiasmó y exclamó:
-Para mí, el paraíso es un lugar con una eterna primavera, ríos de agua cristalina y aldeas tranquilas, donde habitan los grandes hombres de la historia, con quienes se puede hablar y compartir la sabiduría, cada vez que a uno le plazca.
Luego le preguntaron al mayor, que había escuchado sonriente y en silencio el relato de sus compañeros de aventura, ¿cómo imaginaba el paraíso?
Con inmensa paz espiritual respondió:
-Yo me lo imagino como una planicie del monte Sinaí, donde tres buenos amigos se detienen, se sientan alrededor del fuego, saborean el pan y el queso, beben vino griego y hablan del Paraíso a la luz de las estrellas.
Tomado del libro, “Historias que hacen bien”, compilación de Daniel Colombo.
Se denomina paraíso a un lugar hermoso, cálido y que produce bienestar, es un sitio soñado y esperado por muchas personas, sobre todo cuando están atravesando situaciones de gran dificultad, quizás como una manera de evadir u ocultar o simplemente para aliviar el dolor, salirse de la realidad, dicen por ahí es algo que no cuesta nada y puede ayudar a relajar y suavizar un estado emocional alterado.
Sin embargo en esta historia llama la atención, cómo dos de los viajeros no disfrutan su presente y colocan su fuerza, energía y deseos, en un futuro, se imaginan el cómo van a sentirse, si obtienen lo que quieren y le restan capacidad de disfrute al momento presente, así viven muchas personas, unas se mantienen añorando el pasado, otras alimentan el incierto futuro.
No vivir y disfrutar el momento, por estar añorando otros instantes que quizás ni van a llegar, es muchas veces, una pérdida de tiempo, en tanto la capacidad de disfrutar y de gozar la vida en el instante en que ésta, está ocurriendo es una práctica que requiere concentración y actitud alerta.
Dicen los maestros budistas que uno está dónde está la atención, eso significa entonces, que una cosa es estar presente con el cuerpo físico, mientras que los pensamientos y las emociones se encuentren a millas de distancia, y otra muy diferente, es permanecer abierto y expectante a las experiencias presentes.
¿Con qué sueña usted regularmente?
¿Dónde está el paraíso para usted?
¿Su paraíso es una fiesta de fin de semana?
¿Sueña con amores imposibles?
¿Considera que la vida le quedó corta para lo que quiere realizar?
¿Qué situaciones le hacen sentir como si estuviera en el paraíso?
¿El paraíso está relacionado con el dinero?
¿O tal vez está conexo con el amor?
¿Qué es lo que más anhela relacionado con su bienestar?
¿En su idea de paraíso involucra a otras personas?
¿Usted se considera asertivo en sus decisiones?
¿Se niega cosas en el presente, pensando que el futuro será mejor?
Es curioso como en la actualidad, se usa el verbo conectar, la gente se conecta a muchos aparatos que tienen diferentes puertos y demasiadas funciones, en un minuto el sitio más lejano está cerca, sin embargo a pesar de toda esa tecnología el ser humano cada vez esta más lejos de conectarse consigo mismo y con su mundo interior.
*Psicóloga
fannybernalorozco@hotmail.com
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